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jueves, marzo 16, 2006

La comunicación no compartida

Aunque resulte paradójico existe un tipo de comunicación, cada vez más abundante, que consiste en tratar de comunicarse desesperadamente y con tanta ansiedad que casi nunca se consigue ese deseo. El interlocutor se lanza a la búsqueda y captura de una víctima propicia que sea capaz de ser receptor durante unos minutos. El problema está en que el posible oyente del mensaje que está deseando descargar nuestro impaciente emisor, tiene también un corrosivo deseo de convertirse en emisor a su vez. Al final, con indecible tristeza, los dos hablan, ninguno escucha al otro y se vuelven la espalda con más necesidad todavía de descargar sus almas.
Hay un relato de Anton Chéjov titulado "La tristeza", publicado en 1885, Pulsa Aqui, que ilustra estremecedoramente cómo el aislamiento y la soledad son la peste de nuestro siglo, con el agravante de que nadie parece saber la fórmula para detener una de las mayores causas de sufrimiento de la sociedad occidental.
Y es que, aunque no es posible vivir sin los demás, hay muchos tipos de solitarios. Así, están solos aquéllos que han perdido, por alejamiento, ruptura o muerte, una relación afectiva profunda con otro ser, o los que se alejan de otras personas por miedo a ser rechazados. Lo mismo les sucede a aquellos que por triunfar -o tal vez simplemente por subsistir- no han tenido tiempo de aprender a convivir. O los terribles casos de los que son marginados por su raza, minusvalía, enfermedad, pobreza... El consuelo es que hay muchas maneras de intentar huir de la soledad.
Lo difícil está en encontrar esas maneras y aprender que los elementos que intervienen en la comunicación son bidireccionales.